Hay una paradoja en el corazón de las dos festividades que cierran el largo ciclo de otoño del calendario judío: Sheminí Atzeret, la más antigua y la de origen bíblico, es hoy la más desconocida. Simjat Torá, de origen mucho más tardío, es la que todo el mundo recuerda. Esta inversión tiene mucho que enseñar sobre cómo las tradiciones viven, crecen y a veces superan en importancia a las instituciones que las generaron.
Sheminí Atzeret aparece en la Torá (Levítico 23:36) como festividad independiente de Sucot, aunque ocurra el día siguiente de su conclusión: ‘El octavo día tendréis santa convocación’. Es la única festividad bíblica que no tiene ninguna mitzvá específica que la distinga externamente: no se toca el shofar como en Rosh Hashaná, no se habita la sucá como en Sucot, no se agitan las cuatro especies, no se ayuna como en Yom Kipur. La tradición la describe, precisamente por esto, como el día más espiritual del año: el día en que la única ‘tarea’ es estar, sin ningún aliciente externo.
La imagen que usa la tradición para describir Sheminí Atzeret es hermosa: Sucot es como un gran festival en el que participan setenta naciones (los 70 sacrificios de Sucot representaban a las 70 naciones del mundo según la interpretación rabínica); Sheminí Atzeret es cuando el anfitrión le pide a su invitado más íntimo que se quede un día más, sin protocolo, simplemente para estar juntos.
Simjat Torá, en cambio, no aparece ni en la Torá ni en el Talmud. Es una tradición de origen babilónico que se consolidó progresivamente alrededor del siglo XVIII. En Babilonia, los sabios dividieron la Torá en 54 porciones semanales para ser leída en un año; eligieron el segundo día de Sheminí Atzeret para terminar ese ciclo e iniciar uno nuevo, y ese acto de cierre e inicio simultáneos se convirtió en celebración. Las hakafot, las siete vueltas de baile circular alrededor de la bimá cargando los rollos de la Torá, son el corazón de esta celebración.
Lo notable de Simjat Torá es que no se estudia la Torá: se baila con ella. Esta inversión es teológicamente significativa: hay una sabiduría que el cuerpo guarda y que la mente analítica sola no alcanza. La alegría física de cargar un objeto sagrado y girar con él produce un efecto que el aprendizaje conceptual no puede replicar. Es, en términos contemporáneos, una práctica de embodiment, de encarnar en el cuerpo algo que normalmente se procesa solo en la cabeza.
En Israel, Sheminí Atzeret y Simjat Torá se celebran el mismo día, el 22 de Tishrei. En la diáspora, la tradición de dos días hace que Sheminí Atzeret sea el 22 y Simjat Torá el 23. Esta diferencia refleja una historia más larga: la duplicación de días festivos en la diáspora tiene su origen en la incertidumbre antigua sobre cuándo exactamente comenzaba el mes según la observación de la luna, cuando las noticias del Sanhedrín en Jerusalén tardaban días en llegar a las comunidades lejanas.
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Cita bíblica del episodio:
Levítico 23:36 — ‘El octavo día tendréis santa convocación; es fiesta solemne, no haréis en él ningún trabajo de labor.’
Actividad familiar para hacer en casa:
HAKAFOT CASERAS: Tomar cualquier libro que sea significativo para la familia (puede ser la Torá, puede ser otro libro muy querido) y hacer siete vueltas bailando en círculo alrededor de la mesa del comedor, con música alegre. Cada vuelta, alguien dice en voz alta una cosa que aprendió ese año. Los chicos pueden llevar libros del cole. Al final: comer algo dulce y brindar.
Momento de reflexión:
¿Hay un texto, una historia o un libro que haya cambiado tu forma de ver el mundo? ¿Cuándo fue la última vez que celebraste haber aprendido algo, y no solo haberlo sabido?
Rabino Adir — Tefilat Keshet, Compartiendo Judaísmo en Diversidad — www.tefilatkeshet.com.ar
