Nitzavim y Vayélej

Esta semana, como casi todos los años, leemos juntas las pasashiot Nitzavim y Vayélej como la última parada de la Torá antes de Rosh Hashaná.

Y empieza así: “Atem nitzavim haiom kuljem lifnei Adonai Elokeijem” (“Ustedes están todos parados hoy frente al Eterno, su Dios”, Dev. 29:9) – y entonces la Torá nombra, uno por uno, a todos los que forman parte de esa alianza: los líderes, los ancianos, las mujeres, los chicos, los extranjeros, el que corta la leña y el que carga el agua. Nadie queda afuera.

Los comentaristas notan algo llamativo en la palabra “nitzavim”. A diferencia de “omdim” (que también significa “parados”, y es la palabra más común para referirse a gente de pié), “nitzavim” implica una posición firme, estable, la de quien está plantado y no se mueve.

El Sfat Emet (célebre líder jasídico y erudito de Polonia de finales del siglo xix) enseña que Moshé elige esa palabra justo en el momento más frágil del pueblo: están por perder a su líder, están por cruzar a una tierra desconocida, y aun así el texto los describe como firmes.

La firmeza no depende, entonces, de que todo esté resuelto o bajo control; depende de saber ante quién estamos parado y cómo de idimos plantarnos ante los desafíos.

Un poco más adelante, la parashá agrega algo todavía más fuerte sobre cumplir sobre hacer teshuvá “be kol lebabjá u bekol nafsheja” (“de todo corazón y con toda tu alma”, Dev. 30:10): “Ki hamitzvá hazot… lo vashamaim hi” (“Este precepto no está en los cielos”, Dev. 30:12), “ki karov eleja hadavar meod, befija uvilvavja laasotó” (“Está muy cerca tuyo, en tu boca y en tu corazón, para que lo cumplas” Dev. 30:14).

No hace falta entonces subir a buscarlo ni cruzar el mar: el cambio que necesitás nunca fue lejano, imposible como trepar los Cielos, ni ajeno a vos.

En la antesala de Rosh Hashaná, cuando Elul nos invita a hacer un balance, la Torá nos da un doble mensaje:

Por un lado, que estés donde estés parado -firme, o tambaleando; seguro, o lleno de dudas- seguís siendo parte, seguís contando.

Por el otro, que la teshuvá que buscás y que se te propone que hagas no está en un lugar inalcanzable: está en lo que ya tenés a mano, en la boca y en el corazón, esperando que te animes a usarlos para reconocer lo hecho y reconciliarte .

Que este Shabat nos encuentre parados con firmeza, y que podamos animarnos a dar ese paso que ya está, en realidad, muy muy cerca.

Shabat Shalom umeboraj, uketivá vejatima tová lekulam.

Eugenio Gini, estudiante rabínico.

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