Esta semana en Purim leemos cómo el poder político puede transformarse en instrumento de exclusión. Hamán no comienza con violencia física, sino con una narrativa: “hay un pueblo disperso… cuyas normas son distintas”. La diferencia se convierte en amenaza.
Hoy, cuando la iniciativa legislativa en la Knesset israelí del diputado Avi Maoz busca imponer una visión única de identidad judía en el espacio público y castigar hasta con prisión formas de culto liberales e igualitarias en el Muro Occidental, Purim nos interpela. El problema no es la identidad fuerte; es la identidad que necesita silenciar a otras para afirmarse.
Ester no renuncia a su pueblo, pero tampoco renuncia a su propia voz. Su acto más revolucionario no es ocultarse, sino revelarse en el momento justo: “¿Quién sabe si para este tiempo llegaste al poder?” El judaísmo reformista entiende ese versículo como llamado ético: el poder debe proteger la pluralidad, no reducirla.
Purim celebra la inversión de destinos (venahafoj hu), pero también nos recuerda que la seguridad judía nunca puede construirse negando la dignidad de otros judíos. La Meguilá nos enseña que la supervivencia no se logra uniformando, sino defendiendo el derecho a existir con diferencias.
Que este Purim nos encuentre del lado de Ester: afirmando nuestra tradición, pero abiertos; orgullosos, pero inclusivos; comprometidos con un pueblo judío unido en identidad pero donde haya muchas voces bajo una misma historia.
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