Rosh Hashaná: cuando el juicio secelebra — Psicología del Año Nuevo judío

Hay algo aparentemente contradictorio en Rosh Hashaná que merece ser examinado con cuidado: este día, que la tradición judía llama Yom HaDin, el Día del Juicio, se celebra con festines, con ropa nueva, con canciones y con dulces. ¿Qué pueblo celebra el día en que va a ser juzgado? La respuesta que ofrece la tradición clásica es también la que, sin saberlo, anticipa algunas intuiciones de la psicología contemporánea sobre el bienestar y el cambio genuino.

Rosh Hashaná marca el inicio del año judío, que en el calendario hebreo corresponde al mes de Tishrei. Pero es mucho más que un cambio de calendario: es el aniversario, según la tradición, de la creación del mundo y, más específicamente, de la creación del ser humano. Cada año nuevo es, simbólicamente, un nuevo acto de creación. La
Mishná, en el tratado de Rosh Hashaná (1:1), establece que hay cuatro momentos en el año que funcionan como ‘años nuevos’ según distintos propósitos, pero Rosh Hashaná es el año nuevo del mundo: el momento en que el ciclo completo se reinicia.

El nombre Rosh Hashaná —literalmente ‘cabeza del año’— no aparece en la Torá: allí este día se llama Yom Teruá (día del sonido del shofar, en Números 29:1) o Zikrón Teruá (memorial del sonido, en Levítico 23:24). El nombre Rosh Hashaná aparece por primera vez en el libro de Ezequiel (40:1), en un contexto muy diferente. Este detalle lingüístico ilustra algo característico del judaísmo: los conceptos más importantes a veces crecen y se articulan con el tiempo, en el proceso de la tradición viva.

El Talmud Babilónico, en el tratado de Rosh Hashaná (16b), describe tres libros que se abren el primer día del año: el de los completamente justos, que son inscritos inmediatamente para la vida; el de los completamente malvados, que son inscritos inmediatamente para la muerte; y el de los intermedios —la mayoría de las personas—, cuyo veredicto queda pendiente hasta Yom Kipur. Este espacio deliberado entre apertura y cierre es, desde una perspectiva psicológica, profundamente inteligente: reconoce que el cambio genuino necesita tiempo, que no ocurre en un instante de emoción intensa sino en un proceso sostenido de reflexión, conversación y reparación concreta.

El símbolo central de Rosh Hashaná es el shofar, el cuerno de carnero que se toca durante los servicios religiosos del día. Maimónides, en su código legal Mishné Torá (Hiljot Teshuvá 3:4), describe el shofar como un llamado que dice esencialmente: ‘despierten, despierten de su sueño’. No es accidental que este llamado sea un sonido y no una palabra articulada: hay estados emocionales demasiado profundos para el lenguaje verbal, y la tradición los confía al sonido puro. La investigación contemporánea sobre el procesamiento emocional sugiere que algunos estados internos se acceden más fácilmente mediante estímulos no verbales —música, ritmo, movimiento— que mediante el pensamiento abstracto. El shofar es, en este sentido, una tecnología antigua de acceso emocional.

Una de las costumbres más bellas y menos comprendidas de Rosh Hashaná es Tashlij: caminar hacia una fuente de agua corriente —un río, un arroyo, el mar— y arrojar migas de pan hacia el agua, representando simbólicamente los propios errores del año que termina. La fuente textual es el profeta Miqueas, capítulo siete, versículo diecinueve: ‘Volvió a tener compasión de nosotros, y pisoteará nuestras iniquidades.

Arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados.’ Este ritual tiene algo que la psicología conductual y cognitiva valoraría: es una externalización simbólica, un acto físico que acompaña un proceso interno. La investigación sobre rituales y regulación emocional sugiere que los actos físicos simbólicos pueden facilitar transiciones psicológicas de manera significativa, cuando están acompañados de intención consciente.

La paradoja festiva de Rosh Hashaná también se expresa en su gastronomía: manzana con miel, para desear un año dulce; granada, con sus muchas semillas, para multiplicar los méritos y las buenas acciones; jalá redondo —en lugar de la trenza habitual del Shabat— para representar el ciclo del año y la corona de la realeza divina.

Son alimentos-símbolos, y comer con intención simbólica es una práctica de plena conciencia mucho antes de que existiera el concepto contemporáneo de mindful eating. El proceso que abre Rosh Hashaná culmina diez días después, en Yom Kipur. Estos Aseret Yemei Teshuvá, los Diez Días de Retorno, son una invitación a un trabajo
activo de reparación: reparar vínculos dañados, pedir perdón a quienes uno ofendió, examinar patrones de conducta que conviene cambiar. La teshuvá —palabra que se traduce habitualmente como ‘arrepentimiento’ pero que literalmente significa ‘retorno’— no es un sentimiento sino un proceso con pasos concretos. Esta distinción importa: la tradición judía no confunde el remordimiento (que puede ser paralizante) con la teshuvá genuina, que implica acción, reparación y cambio de conducta.

Rosh Hashaná nos invita, entonces, a algo que la vida cotidiana raramente permite: una pausa real, una honestidad con uno mismo sobre el año que cierra, y la confianza —sin garantías— de que el año próximo puede ser diferente. Shanah tová umetukah: que sea un buen y dulce año.

 

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📖 Cita bíblica del episodio:

Números 29:1 — ‘En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ningún trabajo de siembra haréis. Os será día de tocar las trompetas (Yom Teruá).’

🎲 Actividad familiar para hacer en casa:
TASHLIJ FAMILIAR EN EL PARQUE: Llevar a toda la familia (incluyendo abuelos y niños pequeños) a la orilla de un río, lago o fuente. Cada persona recibe una bolsita con migas de pan. Antes de arrojarlas al agua, cada uno dice en voz alta UNA cosa que quiere dejar atrás del año que termina. Los más chicos pueden dibujarla en un papelito que se moja en el agua. Al final, compartir manzana con miel que alguien trae en un tupper. Tiempo estimado: 45 minutos. No requiere nada kosher ni conocimiento previo.

💭 Momento de reflexión:
Cada integrante de la familia responde en voz alta, sin juzgar la respuesta de nadie: ¿Qué momento del año que terminó te gustaría revivir, y qué momento preferirías olvidar? ¿Qué una sola cosa te gustaría cambiar de vos mismo para el año que empieza?

Rabino Adir — Tefilat Keshet, Compartiendo Judaísmo en Diversidad — www.tefilatkeshet.com.ar

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