El calendario judío tiene algo que pocos calendarios del mundo tienen: un mes entero dedicado a la preparación interior antes de las festividades más importantes del año. Elul, el último mes del año hebreo, es ese mes, y las Selijot son las oraciones que lo acompañan.
La diferencia entre la tradición ashkenazí y la sefardí sobre el comienzo de las Selijot refleja dos concepciones distintas sobre la preparación. Los ashkenazíes las comienzan el domingo anterior a Rosh Hashaná, asegurando al menos cuatro días de oraciones penitenciales antes del Año Nuevo. Los sefardíes, en cambio, las comienzan el primer día del mes de Elul, cuarenta días antes de Yom Kipur. Este número no es arbitrario: cuarenta es la cantidad de días que Moisés pasó en el monte Sinaí la segunda vez que subió, después de haber roto las primeras tablas en respuesta al pecado del Becerro de Oro. Esos cuarenta días terminaron el Diez de Tishrei, que es Yom Kipur: el día en que Dios perdonó al pueblo.
El núcleo de todas las Selijot, ashkenazíes y sefardíes, es la repetición de los trece atributos de la misericordia divina tomados de Éxodo 34:6-7. El Talmud cuenta que cuando Moisés intercedió por el pueblo después del pecado del Becerro de Oro, Dios le mostró estos trece atributos como fórmula de reconciliación. La repetición ritual de estos atributos no es solo una descripción de cómo es Dios: es una invocación de esa misericordia para el momento presente.
La costumbre ashkenazí de recitar las Selijot de medianoche, antes del amanecer, tiene una dimensión que trasciende lo litúrgico. Levantarse de noche tiene un costo físico real, y ese costo es parte del acto. No es la misma oración la que se reza con comodidad que la que requiere un esfuerzo. El Talmud (Berajot 3b) asocia la medianoche con una particular apertura espiritual, y la tradición cabalística habla de ese momento como cuando ‘la puerta del cielo está más abierta’. La imagen es poderosa: hay ventanas en el tiempo, y quien las conoce puede elegir rezar en ellas.
El mes de Elul como un todo funciona como una práctica sostenida de introspección: el shofar que se toca cada mañana después de los servicios, el Salmo 27 recitado dos veces al día, las lecturas adicionales. Este diseño reconoce algo que la psicología contemporánea confirma: los cambios genuinos en el carácter no ocurren en un momento de catarsis único, sino en la acumulación de pequeñas pausas reflexivas sostenidas en el tiempo.
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Cita bíblica del episodio:
Éxodo 34:6 — ‘El Eterno, el Eterno, Dios misericordioso y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad.’
Actividad familiar para hacer en casa:
CARTA A UNO MISMO: Cada integrante de la familia (desde los chicos en adelante) escribe una carta breve dirigida a sí mismo para abrir en Rosh Hashaná del año próximo. ¿Qué espero que haya cambiado? ¿Qué quiero recordar que soy capaz de hacer? Las cartas se guardan en un sobre sellado con el nombre de cada uno. Se guardan en un lugar especial de la casa hasta el año siguiente.
Momento de reflexión:
¿Hay algo en lo que hayas fallado este año que todavía te pesa? ¿Qué necesitarías para poder dejarlo atrás de verdad, no solo olvidarlo?
Rabino Adir — Tefilat Keshet, Compartiendo Judaísmo en Diversidad — www.tefilatkeshet.com.ar
