“Najamú, najamú amí — Consolad, consolad a Mi pueblo” (Isaías 40:1).
Después del dolor de Tishá BeAv, la Torá nos conduce a un giro inesperado.
En Vaetjanán, Moshé no se queda atrapado en la frustración de no entrar a la Tierra Prometida; en cambio, vuelve a enseñar, vuelve a amar al pueblo y vuelve a recordar el Shemá: “Amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón” (Deut. 6:5).
El consuelo bíblico no es olvido. Najamú no significa borrar la herida, sino descubrir que aun después de la ruptura, la relación con Dios y con nuestro pueblo continúa viva.
Por eso, el primer Shabat después de la destrucción comienza con palabras de ternura y con la proclamación del Shemá. La respuesta al exilio no es la desesperación, sino la fidelidad renovada: escuchar, recordar y volver a amar.
Que este Shabat Najamú traiga consuelo a quienes lloran, esperanza a quienes se sienten lejos y la certeza de que, incluso en los tiempos oscuros, la voz de Dios sigue diciendo: “Mi pueblo no ha sido abandonado”.
Shabat Shalom.
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